Mi vida se disolvió en un vaso de
agua. Bebí la última evocación en aquella vereda.
Se me ha caído irrisoriamente el vaso y se ha vuelto añicos
contra el piso. ¡Joder! ¿Qué he hecho? me trémula mi mano derecha, recibió una severa
cortada. Gotas de sangre acumuladas; una a una se desprendían difícilmente.
Sabía a quién tenía en mi mente; pero comprobé que mi inestabilidad cognitiva
generaría distracción en el aleph, y a desgracia olvide que ella estaba en el
aleph. Ahí podría verla y recordar innumerables imágenes en mi álbum.
Me limite recordar la cortada; pero el dolor era insoportable.
Esa vez el metal cobijo mi corazón; agobió y aparto los sentimientos irrisorios
por ella. La temperatura gélida de mis labios rehusaba
los suyos. Aunque dentro de mi mente el automatismo psíquico puro y
la reguladora razón disputaban un acuerdo. ¿Me dolía o la quería? Aparte
la razón un momento: Ella era mi vida.
Con ella no ocultaba una
sola lágrima cuando vivíamos juntos en esta vereda. Dónde el recuerdo corta mi
alma en pedazos, donde el espíritu muestra decadencias debido a su ausencia. Era
una quijotada querer recuperarla.
Desde que ella partió vi un punto de partida que conducía a
todos sus caminos. Ya estoy cansado, fatigado del tiempo y de los recuerdos
melancólicos.
Así fue el aleph
para mí: Era más que un simple rincón en nuestra antigua habitación, era una
red de imaginación guiada por mis sentidos. Ahí veía un mundo que sólo yo podía
descifrarlo y el código para entrar estaba interno en el amor por ella. La
recordaba en ese lugar, a diario. Su compañía no ingreso dentro de este cuerpo
débil y arrugado... Y el aleph serviría el resto de mi vida para recordar su
esencia infinita.
Inspirada en: JLB
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