miércoles, 10 de septiembre de 2014

La muerte, el miedo y la valentía.


¡Querido y estimado miedo! - le dije- Ven a jugar con mi sed infinita. Ven, alcánzame un vaso de agua de aquella lacena. Ahora, necesitamos conversar. 
La situación se coloco ardua y nuestro encuentro no a sido del todo bien. Llego una inesperada visita y al diván poso su traslucida silueta. Le invite un vaso de agua; calmé mi tensión. Y bien -Balbucee al dirigirme a ella: Hablaremos del 29 de mayo, el día en que quise que vinieras a verme por un rato, pero incumpliste. ¿Ahora es pertinente que te acoja en mi vida? Estás en todas partes. Te he visto en las esquinas, en los hospitales y no haces más que transportar almas. Nunca fallas en las autopistas; allí estás presente. ¿Cómo huyo de ti?. Estás merodeando ahora mi morada. -De inminente lanzó una mirada sagaz a nosotros dos-. 
Allí habito el silencio y de pronto en mi integro ser circulaba una dosis extensa de color rojo: Era mi valentía. 
Tarde en reaccionar, me desconcerté por un momento y al instante grite: ...Y vos... vos, ¿Qué estás esperando? le dije al miedo. Enloqueces mi consciente y la valentía a llegado. A cobrado vida después de años; la añoraba, más que nada.
-Justo a tiempo, abandono mi morada-.
Dentro de mi hervía la valentía y junto a mi se encontraba una mesa de ébano, tres vasos de agua y la inesperada visita. Mis ojos se incrustaron en el interior de ella y esboce una leve sonrisa. Y bien, querida muerte: ya existe la licencia de ir por ahí... Juntas. Sentiré tu presencia a mi lado, mas no viviré con el miedo de encontrarte de ipso facto.












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